El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha -¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que está este buen escudero, pues llama bacÃa a lo que fue, es y será yelmo de Mambrino, el cual se lo quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con ligÃtima y lÃcita posesión! En lo del albarda no me entremeto, que lo que en ello sabré decir es que mi escudero Sancho me pidió licencia para quitar los jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar el suyo; yo se la di, y él los tomó, y, de haberse convertido de jaez en albarda, no sabré dar otra razón si no es la ordinaria: que como esas transformaciones se ven en los sucesos de la caballerÃa; para confirmación de lo cual, corre, Sancho hijo, y saca aquà el yelmo que este buen hombre dice ser bacÃa.
-¡Pardiez, señor -dijo Sancho-, si no tenemos otra prueba de nuestra intención que la que vuestra merced dice, tan bacÃa es el yelmo de Malino como el jaez deste buen hombre albarda!
-Haz lo que te mando -replicó don Quijote-, que no todas las cosas deste castillo han de ser guiadas por encantamento.
Sancho fue a do estaba la bacÃa y la trujo; y, asà como don Quijote la vio, la tomó en las manos y dijo: