Entremeses
Entremeses
Salen doña Lorenza, y Cristina, su criada, y Hortigosa, su vecina.
LORENZA.
Milagro ha sido éste, señora Hortigosa, el no haber dado la vuelta á la llave, mi duelo, mi yugo y mi desesperación: este es el primero dia, después que me casé con él, que hablo con persona de fuera de casa: que fuera le vea yo de esta vida á él y a quien con él me casó.
HORTIGOSA.
Ande, mi señora doña Lorenza, no se queje tanto: que con una caldera vieja se compra otra nueva.
LORENZA.
Y aun con esos y otros semejantes villancicos ó refranes me engañaron á mí: que malditos sean sus dineros, fuera de las cruces, malditas sus joyas, malditas sus galas, y maldito todo cuanto me da y promete. ¿De qué me sirve á mí todo aquesto, si en mitad de la riqueza estoy pobre, y en medio de la abundancia con hambre?
CRISTINA.
En verdad, señora tia, que tienes razon: que mas quisiera yo andar con un trapo atrás y otro adelante, y tener un marido mozo, que verme casada y enlodada con ese viejo podrido, que tomaste por esposo.
LORENZA.