Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda El hermoso mozo, que por instantes esperaba y temÃa el golpe de la flecha amenazadora, encogÃa los hombros, apretaba los labios, enarcaba las cejas, y, con silencio profundo, dentro en su corazón pedÃa al cielo, no que le librase de aquel tan cercano como cruel peligro, sino que le diese ánimo para sufrillo. Viendo lo cual el bárbaro flechero, y sabiendo que no habÃa de ser aquel el género de muerte con que le habÃan de quitar la vida, hallando la belleza del mozo piedad en la dureza de su corazón, no quiso darle dilatada muerte, teniéndole siempre encarada la flecha al pecho; y asÃ, arrojó de sà el arco, y, llegándose a él, por señas, como mejor pudo, le dio a entender que no querÃa matarle.