Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Salieron asimismo a tierra toda la gente que ocupaba la quilla del navÃo, que fueron recebidos del rey Policarpo y de sus hijas, y de todos los principales ciudadanos, con tanto gusto como admiración; pero lo que más les puso en ella, principalmente a Sinforosa, fue ver la incomparable hermosura de Auristela; fue también a la parte de esta admiración la belleza de Transila, y el gallardo y nuevo traje, pocos años y gallardÃa de la bárbara Constanza, de quien no desdecÃa el buen parecer y donaire de Ricla, su madre; y, por estar la ciudad cerca, sin prevenirse de quien los llevase, fueron todos a pie a ella.
Ya en este tiempo habÃa llegado Periandro a hablar a su hermana Auristela, Ladislao a Transila, y el bárbaro padre a su mujer y a su hija, y los unos a los otros se fueron dando cuenta de sus sucesos. Sola Auristela, ocupada toda en mirar a Sinforosa, callaba. Pero, en fin, habló a Periandro, y le dijo:
—¿Por ventura, hermano, esta hermosÃsima doncella que aquà va es Sinforosa, la hija del rey Policarpo?
—Ella es —respondió Periandro—, sujeto donde tienen su asiento la belleza y la cortesÃa.
—Muy cortés debe de ser —respondió Auristela—, porque es muy hermosa.