Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Casi en su mismo cuarto, Policarpa y Sinforosa alojaron a Auristela, de la cual no quitaba la vista Sinforosa, dando gracias al cielo de haberla hecho no amante, sino hermana de Periandro; y, ansí por su estremada belleza como por el parentesco tan estrecho que con Periandro tenía, la adoraba y no sabía un punto desviarse de ella; desmenuzábale sus acciones, notábale las palabras, ponderaba su donaire, hasta el sonido y órgano de la voz le daba gusto. Auristela casi por el mismo modo y con los mismos afectos miraba a Sinforosa, aunque en las dos eran diferentes las intenciones: Auristela miraba con celos, y Sinforosa con sencilla benevolencia.
Algunos días estuvieron en la ciudad descansando de los trabajos pasados, y, dando traza de volver Arnaldo a Dinamarca, o adonde Auristela y Periandro quisieran, mostrando, como siempre lo mostraba, no tener otra voluntad que la de los dos hermanos. Clodio, que con ociosidad y vista curiosa había mirado los movimientos de Arnaldo, y cuán oprimido le tenía el cuello el amoroso yugo, un día que se halló solo con él le dijo:
—Yo, que siempre los vicios de los príncipes he reprehendido en público, sin guardar el debido decoro que a su grandeza se debe, sin temer el daño que nace del decir mal, quiero agora, sin tu licencia, decirte en secreto lo que te suplico con paciencia me escuches; que lo que se dice aconsejando, en la intención halla disculpa lo que no agrada.