Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Escucha, pues —le fue respondido—, que en las más breves razones te contaré las sinrazones que la fortuna me ha hecho. Pero querrÃa saber primero a quién las cuento. Dime si eres, por ventura, un mancebo que poco ha hallaron medio muerto en unos maderos que dicen sirven de barcos a unos bárbaros que están en esta isla, donde habemos dado fondo, reparándonos de la borrasca que se ha levantado.
—El mismo soy —respondió el mancebo.
—Pues ¿quién eres? —preguntó la persona que hablaba.
—Dijératelo, si no quisiera que primero me obligaras con contarme tu vida, que por las palabras que poco ha que te oà decir, imagino que no debe de ser tan buena como quisieras.
A lo que le respondieron:
—Escucha, que en cifra te diré mis males. «El capitán y señor deste navÃo se llama Arnaldo, es hijo heredero del rey de Dinamarca, a cuyo poder vino por diferentes y estraños acontecimientos una principal doncella, a quien yo tuve por señora, a mi parecer, de tanta hermosura que entre las que hoy viven en el mundo, y entre aquellas que puede pintar en la imaginación el más agudo entendimiento, puede llevar la ventaja. Su discreción iguala a su belleza, y sus desdichas a su discreción y a su hermosura. Su nombre es Auristela. Sus padres, de linaje de reyes y de riquÃsimo estado.