Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Pasó el rumor del caso, enterraron a Clodio, quedó Auristela vengada, como si en su generoso pecho albergara género de venganza alguna, así como albergaba en el de la Cenotia, que bebía, como dicen, los vientos, imaginando cómo vengarse del cruel flechero, el cual de allí a dos días se sintió mal dispuesto, y cayó en la cama con tanto descaecimiento que los médicos dijeron que se le acababa la vida, sin conocer de qué enfermedad. Lloraba Ricla, su madre, y su padre Antonio tenía de dolor el corazón consumido; no se podía alegrar Auristela, ni Mauricio; Ladislao y Transila sentían la misma pesadumbre; viendo lo cual Policarpo, acudió a su consejera Cenotia, y le rogó procurase algún remedio a la enfermedad de Antonio, la cual, por no conocerla los médicos, ellos no sabían hallarle. Ella le dio buenas esperanzas, asegurándole que de aquella enfermedad no moriría, pero que convenía dilatar algún tanto la cura. Creyóla Policarpo, como si se lo dijera un oráculo.
De todos estos sucesos no le pesaba mucho a Sinforosa, viendo que por ellos se detendría la partida de Periandro, en cuya vista tenía librado el alivio de su corazón: que, puesto que deseaba que se partiese, pues no podía volver si no se partía, tanto gusto le daba el verle que no quisiera que se partiera.