Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Desvióse nuestro barco de en mitad de la furia, y desde lejos estuvimos mirando la batalla; y, habiendo jugado la artillería casi una hora, se aferraron los dos navíos con una no vista furia. Los del navío de fuera, o más venturosos, o por mejor decir, más valientes, saltaron en el navío de tierra, y en un instante desembarazaron toda la cubierta, quitando la vida a sus enemigos, sin dejar a ninguno con ella. Viéndose, pues, libres de sus ofensores, se dieron a saquear el navío de las cosas más preciosas que tenía, que por ser de cosarios no era mucho, aunque en mi estimación eran las mejores del mundo, porque se llevaron de las primeras a mi hermana, a Selviana, a Leoncia y a Cloelia, con que enriquecieron su nave, pareciéndoles que en la hermosura de Auristela llevaban un precioso y nunca visto rescate. Quise llegar con mi barca a hablar con el capitán de los vencedores, pero, como mi ventura andaba siempre en los aires, uno de tierra sopló y hizo apartar el navío. No pude llegar a él, ni ofrecer imposibles por el rescate de la presa, y así, fue forzoso el volvernos, sin ninguna esperanza de cobrar nuestra pérdida; y, por no ser otra la derrota que el navío llevaba que aquella que el viento le permitía, no podimos por entonces juzgar el camino que haría, ni señal que nos diese a entender quiénes fuesen los vencedores, para juzgar siquiera, sabiendo su patria, las esperanzas de nuestro remedio. Él voló, en fin, por el mar adelante, y nosotros, desmayados y tristes, nos entramos en el río, donde todos los barcos de los pescadores nos estaban esperando.