Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
todos dio general gusto de oÃr el modo con que Periandro contaba su estraña peregrinación, si no fue a Mauricio, que, llegándose al oÃdo de Transila, su hija, le dijo:
—Paréceme, Transila, que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida, porque no habÃa para qué detenerse en decirnos tan por estenso las fiestas de las barcas, ni aun los casamientos de los pescadores; porque los episodios que para ornato de las historias se ponen no han de ser tan grandes como la misma historia; pero yo, sin duda, creo que Periandro nos quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras.
—Asà debe de ser —respondió Transila—, pero lo que yo sé decir es que, ora se dilate o se sucinte en lo que dice, todo es bueno y todo da gusto.
Pero ninguno le recebÃa mayor, como ya creo que otra vez se ha dicho, como Sinforosa, que cada palabra que Periandro decÃa, asà le regalaba el alma que la sacaba de sà misma. Los revueltos pensamientos de Policarpo no le dejaban estar muy atento a los razonamientos de Periandro, y quisiera que no le quedara más que decir, porque le dejara a él más que hacer; que las esperanzas propincuas de alcanzar el bien que se desea fatiga[n] mucho más que las remotas y apartadas.