Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
O sé si tenga por cierto, de manera que ose afirmar, que Mauricio y algunos de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática, porque las más veces, las que son largas, aunque sean de importancia, suelen ser desabridas. Este pensamiento pudo tener Auristela, pues no quiso acreditarle con comenzar por entonces la historia de sus acontecimientos; que, puesto que habían sido pocos desde que fue robada de poder de Arnaldo hasta que Periandro la halló en la Isla Bárbara, no quiso añadirlos hasta mejor coyuntura; ni, aunque quisiera, tuviera lugar para hacerlo, porque se lo estorbara una nave que vieron venir por alta mar encaminada a la isla, con todas las velas tendidas, de modo que en breve rato llegó a una de las calas de la isla, y luego fue de Renato conocida, el cual dijo:
—Esta es, señores, la nave donde mis criados y mis amigos suelen visitarme algunas veces.
Ya en esto hecha la zaloma y arrojado el esquife al agua, se llenó de gente, que salió a la ribera, donde ya estaban para recebirle Renato y todos los que con él estaban. Hasta veinte serían los desembarcados, entre los cuales salió uno de gentil presencia, que mostró ser señor de todos los demás, el cual, apenas vio a Renato, cuando con los brazos abiertos se vino a él, diciéndole: