Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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Capítulo segundo del tercer libro

Peregrinos. Su viaje por España. Sucédenles nuevos y estraños casos

EDÍAN los tiernos años de Auristela, y los más tiernos de Constanza, con los entreverados de Ricla, coches, estruendo y aparato para el largo viaje en que se ponían; pero la devoción de Auristela, que había prometido de ir a pie hasta Roma, desde la parte do llegase en tierra firme, llevó tras sí las demás devociones; y todos de un parecer, así varones como hembras, votaron el viaje a pie, añadiendo, si fuese necesario, mendigar de puerta en puerta. Con esto cerró la del dar Ricla, y Periandro se escusó de no disponer de la cruz de diamantes que Auristela traía, guardándola con las inestimables perlas para mejor ocasión. Solamente compraron un bagaje que sobrellevase las cargas que no pudieran sufrir las espaldas; acomodáronse de bordones, que servían de arrimo y defensa, y de vainas de unos agudos estoques. Con este cristiano y humilde aparato salieron de Lisboa, dejándola sola sin su belleza, y pobre sin la riqueza de su discreción, como lo mostraron los infinitos corrillos de gente que en ella se hicieron, donde la fama no trataba de otra cosa sino del estremo de discreción y belleza de los peregrinos estranjeros.


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