Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Feliciana callaba, y con silencio se mostraba agradecida a los que tan de veras sus cosas tomaban a su cargo. Añadióse a todo esto que Feliciana, habiendo sabido cómo los peregrinos iban a Roma, aficionada a la hermosura y discreción de Auristela, a la cortesía de Periandro, a la amorosa conversación de Constanza y de Ricla, su madre, y al agradable trato de los dos Antonios, padre y hijo (que todo lo miró, notó y ponderó en aquel poco espacio que los había comunicado), y lo principal por volver las espaldas a la tierra donde quedaba enterrada su honra, pidió que consigo la llevasen como peregrina a Roma; que, pues había sido peregrina en culpas, quería procurar serlo en gracias, si el cielo se las concedía, en que con ellos la llevasen. Apenas descubrió su pensamiento, cuando Auristela acudió a satisfacer su deseo, compasiva y deseosa de sacar a Feliciana de entre los sobresaltos y miedos que la perseguían. Sólo dificultó el ponerla en camino estando tan recién parida, y así se lo dijo; pero el anciano pastor dijo que no había más diferencia del parto de una mujer que del de una res, y que, así como la res, sin otro regalo alguno, después de su parto, se quedaba a las inclemencias del cielo, ansí la mujer podía, sin otro regalo alguno, acudir a sus ejercicios; sino que el uso había introducido entre las mujeres los regalos y todas aquella prevenciones que suelen hacer con las recién paridas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker