Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Estas pláticas y la consideración de mi suceso, que parece que entonces se estremó en apretarme el alma, me apretó el corazón de manera que me desmayé y quedé como muerta. Dicen que volví en mí a cabo de cuatro horas, en el cual tiempo se me hicieron muchos remedios para que volviese; y lo que más sintiera yo, si tuviera sentido, fue que debieron de enterarse que yo no era varón, sino hembra. Volví de mi parasismo, y lo primero con quien topó la vista fue con los rostros de mi hermano y de mi esposo, que entre sus brazos me tenían. No sé yo cómo en aquel punto la sombra de la muerte no cubrió mis ojos; no sé yo cómo la lengua no se me pegó al paladar; sólo sé que no supe lo que me dije, aunque sentí que mi hermano dijo: "¿Qué traje es éste, hermana mía?" Y mi esposo dijo: "¿Qué mudanza es ésta, mitad de mi alma, que si tu bondad no estuviera tan de parte de tu honra, yo hiciera luego que trocaras este traje con el de la mortaja?" "¿Vuestra esposa es ésta? —dijo mi hermano a mi esposo—. Tan nuevo me parece este suceso, como me parece el de verla a ella en este traje; verdad es que, si esto es verdad, bastante recompensa sería a la pena que me causa el ver así a mi hermana".