Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Vuesas mercedes se sosieguen, y déjenme morir de espacio, que, aunque es terrible este paso en que me veo, muchas veces me he visto en otros más terribles.
Preguntáronle cuáles eran.
Respondióles que el amanecer Dios, y el rodealle seis hijos pequeños pidiéndole pan y no teniéndolo para dárselo; «la cual necesidad me puso la ganzúa en la mano y fieltros en los pies, con que facilité mis hurtos, no viciosos, sino necesitados». Estas razones llegaron a los oÃdos del señor que le habÃa sentenciado al suplicio, que fueron parte para volver la justicia en misericordia y la culpa en gracia.
A lo que respondió Periandro:
—El hacer el padre por su hijo es hacer por sà mismo, porque mi hijo es otro yo, en el cual se dilata y se continúa el ser del padre; y, asà como es cosa natural y forzosa el hacer cada uno por sà mismo, asà lo es el hacer por sus hijos. Lo que no es tan natural ni tan forzoso hacer los hijos por los padres, porque el amor que el padre tiene a su hijo deciende, y el decender es caminar sin trabajo; y el amor del hijo con el padre aciende y sube, que es caminar cuesta arriba, de donde ha nacido aquel refrán: «un padre para cien hijos, antes que cien hijos para un padre».