Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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Capítulo quince del tercero libro

OCO aprovechaban las discretas razones que las tres damas francesas daban a las dos lastimadas Constanza y Auristela, porque en las recientes desventuras no hallan lugar consolatorias persuasiones: el dolor y el desastre que de repente sucede, no de improviso admite consolación alguna, por discreta que sea; la postema duele, mientras no se ablanda, y el ablandarse requiere tiempo, hasta que llegue el de abrirse. Y así, mientras se llora, mientras se gime, mientras se tiene delante quien mueva al sentimiento a quejas y a suspiros, no es discreción demasiada acudir al remedio con agudas medicinas. Llore, pues, algún tanto más Auristela, gima algún espacio más Constanza, y cierren entrambas los oídos a toda consolación, en tanto que la hermosa Claricia nos cuenta la causa de la locura de Domicio, su esposo, que fue, según ella dijo a las damas francesas, que, antes que Domicio con ella se desposase, andaba enamorado de una parienta suya, la cual tuvo casi indubitables esperanzas de casarse con él.




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