Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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Capítulo quinto del cuarto libro

ESTA manera los dos contrarios celosos y amantes, cuyas esperanzas tenían fundadas en el aire, se despidieron, el uno de Periandro y el otro de Croriano, quedando, ante todas cosas, de reprimir sus ímpetus y disimular sus agravios, a lo menos hasta tanto que Auristela se declarase, de la cual cada uno esperaba que había de ser en su favor, pues al ofrecimiento de un reino y al de un estado tan rico como el del duque, bien se podía pensar que había de titubear cualquier firmeza, y mudarse el propósito de escoger otra vida, por ser muy natural el amarse las grandezas y apetecerse la mejoría de los estados; especialmente suele ser este deseo más vivo en las mujeres.

De todo esto estaba bien descuidada Auristela, pues todos sus pensamientos, por entonces, no se estendían a más que de enterarse en las verdades que a la salvación de su alma convenían; que, por haber nacido en partes tan remotas y en tierras adonde la verdadera fe católica no está en el punto tan perfecto como se requiere, tenía necesidad de acrisolarla en su verdadera oficina.

Al apartarse Periandro de Arnaldo, llegó a él un hombre español y le dijo:

—Según traigo las señas, si es que vuesa merced es español, para vuesa merced viene esta carta.


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