Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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—¡Ténganme a ese ladrón, que, entrando en mi casa como humano, me ha robado una prenda divina que vale una ciudad!

Acertaron a estar en la calle dos de la guarda del Pontífice, que dicen pueden prender en fragante, y, como la voz era de ladrón, facilitaron su dudosa potestad y prendieron a Periandro; echáronle mano al pecho, y, quitándole la cruz, le santiguaron con poca decencia: paga que da la justicia a los nuevos delincuentes, aunque no se les averigüe el delito.

Viéndose, pues, Periandro puesto en cruz, sin su cruz, dijo a los tudescos, en su misma lengua, que él no era ladrón, sino persona principal, y que aquella cruz era suya, y que viesen que su riqueza no la podía hacer de Hipólita, y que les rogaba le llevasen ante el gobernador, que él esperaba con brevedad averiguar la verdad de aquel caso. Ofrecióles dineros, y con esto y con habelles hablado en su lengua, con que se reconcilian los ánimos que no se conocen, los tudescos no hicieron caso de Hipólita; y así, llevaron a Periandro delante del gobernador, viendo lo cual Hipólita, se quitó de la ventana, y, casi arañándose el rostro, dijo a sus criadas:



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