Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —«Cuando me dejó la barca en que venÃa en la arena, y la mar tornó a cobrarla —ya dije que con ella se me fue la esperanza de la libertad, pues aun ahora no la tengo de cobrarla—, entré aquà dentro, vi este sitio y parecióme que la naturaleza le habÃa hecho y formado para ser teatro donde se representase la tragedia de mis desgracias. Admiróme el no ver gente alguna, sino algunas cabras monteses y animales pequeños de diversos géneros. Rodeé todo el sitio, hallé esta cueva cavada en estas peñas, y señaléla para mi morada. Finalmente, habiéndolo rodeado todo, volvà a la entrada, que aquà me habÃa conducido, por ver si oÃa voz humana o descubrÃa quién me dijese en qué parte estaba; y la buena suerte y los piadosos cielos, que aún del todo no me tenÃan olvidado, me depararon una muchacha bárbara de hasta edad de quince años, que por entre las peñas, riscos y escollos de la marina, pintadas conchas y apetitoso marisco andaba buscando.