Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Ya le hubiera yo deshecho —respondió Periandro—, volviendo, señor Arnaldo, el retrato, si entendiera fuera vuestro. La ventura y su diligencia se le dieron al duque; vos se le quitastes por fuerza; y asÃ, no tenéis de qué quejaros. Los amantes están obligados a no juzgar sus causas por la medida de sus deseos, que tal vez no los han de satisfacer, por acomodarse con la razón, que otra cosa les manda; pero yo haré de manera que, no quedando vos, señor Arnaldo, contento, el duque quede satisfecho, y será con que mi hermana Auristela se quede con el retrato, pues es más suyo que de otro alguno.
SatisfÃzole a Arnaldo el parecer de Periandro, y ni más ni menos a Auristela. Con esto cesó la plática; y otro dÃa por la mañana comenzaron a obrar en Auristela los hechizos, los venenos, los encantos y las malicias de la Julia, mujer de Zabulón.