Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Con grandísimo silencio estuvo escuchando Periandro a Auristela, y en un breve instante formó en su imaginación millares de discursos, que todos venieron a parar en el peor que para él pudiera ser, porque imaginó que Auristela le aborrecía, porque aquel mudar de vida no era sino porque a él se le acabara la suya, pues bien debía saber que, en dejando ella de ser su esposa, él no tenía para qué vivir en el mundo; y fue y vino con esta imaginación con tanto ahínco que, sin responder palabra a Auristela, se levantó de donde estaba sentado, y, con ocasión de salir a recebir a Feliz Flora y a la señora Constanza, que entraban en el aposento, se salió dél y dejó a Auristela, no sé si diga arrepentida, pero sé que quedó pensativa y confusa.