Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Sigismunda, muchacha, sola y persuadida, lo que respondió fue que ella no tenía voluntad alguna, ni tenía otra consejera que la aconsejase, sino a su misma honestidad; que, como ésta se guardase, dispusiesen a su voluntad della. Abrazóla la reina, contó su respuesta a Persiles, y entre los dos concertaron que se ausentasen de la isla antes que su hermano viniese, a quien darían por disculpa, cuando no la hallase, que había hecho voto de venir a Roma, a enterarse en ella de la fe católica, que en aquellas partes setentrionales andaba algo de quiebra, jurándole primero Persiles que en ninguna manera iría en dicho ni en hecho contra su honestidad. Y así, colmándoles de joyas y de consejos, los despidió la reina, la cual después me contó todo lo que hasta aquí te he contado.
»Dos años, poco más, tardó en venir el príncipe Magsimino a su reino, que anduvo ocupado en la guerra que siempre tenía con sus enemigos; preguntó por Sigismunda, y el no hallarla fue hallar su desasosiego. Supo su viaje, y al momento se partió en su busca, si bien confiado de la bondad de su hermano, temeroso pero de los recelos, que por maravilla se apartan de los amantes.