Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda La bárbara Ricla dijo, en callando la voz:
—Despacio debe de estar y ocioso el cantor que en semejante tiempo da su voz a los vientos.
Pero no lo juzgaron asà Periandro y Auristela, porque le tuvieron por más enamorado que ocioso al que cantado habÃa; que los enamorados fácilmente reconcilian los ánimos, y traban amistad con los que conocen que padecen su misma enfermedad. Y asÃ, con licencia de los demás que en su barca venÃan, aunque no fuera menester pedirla, hizo que el cantor se pasase a su barca, asà por gozar de cerca de su voz como saber de sus sucesos, porque persona que en tales tiempos cantaba, o sentÃa mucho o no tenÃa sentimiento alguno.
Juntáronse las barcas, pasó el músico a la de Periandro, y todos los della le hicieron agradable recogida. En entrando el músico, en medio portugués y en medio castellano, dijo:
—Al cielo y a vosotros, señores, y a mi voz agradezco esta mudanza y esta mejora de navÃo, aunque creo que con mucha brevedad le dejaré libre de la carga de mi cuerpo, porque las penas que siento en el alma me van dando señales de que tengo la vida en sus últimos términos.
—Mejor lo hará el cielo —respondió Periandro—, que, pues yo soy vivo, no habrá trabajos que puedan matar a alguno.