Novelas ejemplares
Novelas ejemplares Al tiempo, Garcilaso de la Vega se ha convertido ya en un clásico merecedor de varias ediciones anotadas (El Brocense, 1574 y 1577; Fernando de Herrera, 1580); fray Luis de León y San Juan de la Cruz dan nuevos y magistrales matices a la poesía italianizante incorporando elementos novedosos que los convierten en la cima poética de esta época. Renace el romancero a través de la reformulación artística que desarrollan poetas como el propio Cervantes, Padilla, López Maldonado, y otros más jóvenes que, andando el tiempo, se convertirán en grandes escritores: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora. Los sucesivos volúmenes publicados a partir de la Flor de varios romances nuevos y canciones (Huesca, 1589) darán cauce impreso a esta poesía. Absolutamente contemporánea es la Comedia Nueva, en la que se sintetizan varias tradiciones teatrales anteriores y se dará forma a una manera de hacer teatro que estará vigente mucho tiempo, con Lope de Vega como principal exponente a partir de 1590; Cervantes ha relatado gráficamente los inicios de esta manera de hacer teatro en el prólogo a su volumen de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados (1615). Asimismo, se va desarrollando y perfeccionando el lugar de la representación (los corrales de comedias) y todo lo que rodea al teatro (escenografías, compañías de representantes, tramoya, etc.). Los libros de caballerías siguen editándose, pero en formatos más pequeños y con muy pocos títulos nuevos. En realidad, son sustituidos en el gusto de los lectores por la novela pastoril, con abundantes títulos a partir de la década de los sesenta: La Diana (1559), de Jorge de Montemayor; El pastor de Fílida (1582), de Luis Gálvez de Montalvo; La Galatea (1585), de Cervantes, etc.