Novelas ejemplares
Novelas ejemplares Con este adorno y con su gallardÃa, dando ocasión para que todos alabasen a Dios en ella, salió Isabela de su casa a pie, que el estar tan cerca del monasterio excusó los coches y carrozas. El concurso de la gente fue tanto, que les pesó de no haber entrado en los coches, que no les daban lugar de llegar al monasterio. Unos bendecÃan a sus padres, otros al cielo, que de tanta hermosura la habÃa dotado; unos se empinaban por verla; otros, habiéndola visto una vez, corrÃan adelante por verla otra y el que más solÃcito se mostró en esto, y tanto que muchos echaron de ver en ello, fue un hombre vestido en hábito de los que vienen rescatados de cautivos, con una insignia de la Trinidad[657] en el pecho, en señal que han sido rescatados por la limosna de sus redentores. Este cautivo, pues, al tiempo que ya Isabela tenÃa un pie dentro de la porterÃa del convento, donde habÃan salido a recebirla, como es uso, la priora y las monjas con la cruz, a grandes voces dijo:
—¡Detente, Isabela, detente!; que mientras yo fuere vivo no puedes tú ser religiosa.