Novelas ejemplares
Novelas ejemplares —Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo, me hallé, señor, en vuestros brazos sin honra, pero yo lo doy por bien empleado, pues, al volver del que ahora he tenido, ansimismo me hallé en los brazos de entonces, pero honrada. Y si esta señal no basta, baste la de una imagen de un crucifijo que nadie os la pudo hurtar sino yo, si es que por la mañana le echastes menos y si es el mismo que tiene mi señora.
—Vos lo sois de mi alma y lo seréis los años que Dios ordenare, bien mío.
Y, abrazándola de nuevo, de nuevo volvieron las bendiciones y parabienes que les dieron.
Vino la cena y vinieron músicos que para esto estaban prevenidos. Viose Rodolfo a sí mismo en el espejo del rostro de su hijo; lloraron sus cuatro abuelos de gusto; no quedó rincón en toda la casa que no fuese visitado del júbilo, del contento y de la alegría. Y, aunque la noche volaba con sus ligeras y negras alas, le parecía a Rodolfo que iba y caminaba no con alas, sino con muletas: tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa.