Novelas ejemplares
Novelas ejemplares En fin, llegado el tiempo en que una flota se partía para Tierrafirme[810], acomodándose con el almirante della, aderezó su matalotaje y su mortaja de esparto[811] y, embarcándose en Cádiz, echando la bendición a España, zarpó la flota y con general alegría dieron las velas al viento, que blando y próspero soplaba, el cual en pocas horas les encubrió la tierra y les descubrió las anchas y espaciosas llanuras del gran padre de las aguas, el mar Océano. Iba nuestro pasajero pensativo, revolviendo en su memoria los muchos y diversos peligros que en los años de su peregrinación había pasado y el mal gobierno que en todo el discurso de su vida había tenido y sacaba de la cuenta que a sí mismo se iba tomando una firme resolución de mudar manera de vida y de tener otro estilo en guardar la hacienda que Dios fuese servido de darle y de proceder con más recato que hasta allí con las mujeres.