Novelas ejemplares
Novelas ejemplares Salía del hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo[1103], un soldado que, por servirle su espada de báculo[1104] y por la flaqueza de sus piernas y amarillez de su rostro, mostraba bien claro que, aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en veinte días todo el humor[1105] que quizá granjeó en una hora. Iba haciendo pinitos y dando traspiés, como convaleciente y, al entrar por la puerta de la ciudad, vio que hacia él venía un su amigo, a quien no había visto en más de seis meses, el cual, santiguándose como si viera alguna mala visión, llegándose a él, le dijo:
—¿Qué es esto, señor alférez Campuzano? ¿Es posible que está vuesa merced en esta tierra? ¡Como quien soy que le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica[1106] que arrastrando aquí la espada! ¿Qué color, qué flaqueza es esa?
A lo cual respondió Campuzano:
—A lo si estoy en esta tierra o no, señor licenciado Peralta, el verme en ella le responde; a las demás preguntas no tengo qué decir, sino que salgo de aquel hospital de sudar catorce cargas de bubas[1107] que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, que non debiera.
—¿Luego casose vuesa merced? —replicó Peralta.
