Novelas ejemplares
Novelas ejemplares —Pues hay en esto otra cosa —dijo el alfĂ©rez—: que, como yo estaba tan atento y tenĂa delicado el juicio, delicada, sotil y desocupada la memoria, merced a las muchas pasas y almendras que habĂa comido todo lo tomĂ© de coro y, casi por las mismas palabras que habĂa oĂdo, lo escribĂ otro dĂa, sin buscar colores retĂłricas[1142] para adornarlo, ni quĂ© añadir ni quitar para hacerle gustoso. No fue una noche sola la plática, que fueron dos consecutivamente, aunque yo no tengo escrita más de una, que es la vida de Berganza; y la del compañero CipiĂłn pienso escribir, que fue la que se contĂł la noche segunda, cuando viere, o que esta se crea o, a lo menos, no se desprecie. El coloquio traigo en el seno; pĂşselo en forma de coloquio por ahorrar de dijo CipiĂłn, respondiĂł Berganza, que suele alargar la escritura.
Y, en diciendo esto, sacĂł del pecho un cartapacio y le puso en las manos del licenciado, el cual le tomĂł riyĂ©ndose, y como haciendo burla de todo lo que habĂa oĂdo y de lo que pensaba leer.
—Yo me recuesto —dijo el alférez— en esta silla en tanto que vuesa merced lee, si quiere, esos sueños o disparates, que no tienen otra cosa de bueno si no es el poderlos dejar cuando enfaden.
—Haga vuesa merced su gusto —dijo Peralta—, que yo con brevedad me despediré desta letura.