Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury Prólogo al cuento del fraile
AQUEL digno recaudador, el buen fraile, estuvo todo el rato lanzando negras miradas hacia el alguacil. Por decencia se habÃa abstenido hasta ahora de insultar, pero al final espetó a la mujer de Bath:
—Dios os bendiga, señora. Creedme: habéis tocado un tema muy difÃcil y debatido en las escuelas. Debo decir que habéis acertado en muchos puntos, pero, señora, no es preciso comentar solamente los temas más ligeros mientras hacemos camino cabalgando. Por amor de Dios, dejemos los libros, las autoridades, los predicadores y las escuelas de teologÃa.
Pero si los presentes no ponen obstáculo, les contaré una buena historia sobre un alguacil —¡Dios sabe que basta proferir su nombre para saber que no puede decir nada bueno de ellos!—, y ruego que ninguno de los presentes se sienta ofendido. Un alguacil es un tipo que va por ahà haciendo proclamas para convocar a juicio y recibe palizas en las afueras de todos los pueblos.
—Ah, señor —intervino aquà nuestro anfitrión—, un hombre de su posición deberÃa ser más cortés y educado. No habrá peleas entre los presentes. Contad vuestra historia y dejad al alguacil en paz.