Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury Prólogo al cuento del alguacil
EL alguacil se puso en pie sobre los estribos de su montura, ciego de rabia contra el fraile, estremeciéndose de ira como una hoja de álamo temblón.
—Caballeros —dijo él—, solamente les pido un favor: ahora que acaban de escuchar las mentiras de este fraile hipócrita, les ruego que me permitan contarles un cuento. El fraile alardea de que lo sabe todo sobre el infierno, y Dios sabe que no hay que maravillarse por ello, pues hay poco que escoger entre frailes y diablos. ¡Rediez! Creo que habréis escuchado con demasiada frecuencia la historia de aquel fraile que tuvo una visión de que su alma era arrebatada hacia el infierno; y cuando el ángel le llevó a mostrarle todos los tormentos, no vio un solo fraile en todo el lugar, aunque vio muchÃsima otra gente que lo pasaba muy mal. Por lo que el fraile le dijo al ángel:
—Decidme, señor: ¿acaso los frailes poseen tanta gracia que ninguno llega aqu�
—Al revés —dijo el ángel—. Hay millones de ellos. Y se lo llevó abajo a visitar a Satanás.
—Como ves, Satanás tiene un rabo mayor que la vela principal de una carraca —afirmó él.
—¡Eh, tu Satanás! Levanta tu rabo y muéstranos tu culo: deja ver al fraile dónde anidan los frailes en el infierno.