Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury —Bueno, Dios os bendiga, mi querido mercader —dijo nuestro anfitrión—; ya que sabéis tanto del asunto, os pido encarecidamente que nos contéis algo de ello.
—Con mucho gusto —repuso él—, pero mi corazón está demasiado compungido para seguir hablando de mi propia aflicción.
Cuento:
HACE tiempo, en LombardÃa vivÃa un noble caballero, nacido en PavÃa, con gran prosperidad. HabÃa permanecido soltero durante sesenta años, solazando su cuerpo con las mujeres que le gustaban, como suelen hacerlo estos insensatos mundanos. Ahora, sea por un acceso de piedad o de chochez —no sé decir cuál—, al pasar de los sesenta, a dicho caballero le entraron unas ganas irreprimibles de contraer matrimonio y se pasaba todos los dÃas y todas las noches buscando a la mujer de sus sueños. Rezó a Dios para que le permitiese catar las delicias de la vida que consiguen marido y mujer cuando viven unidos por el sagrado vÃnculo con el que Dios unió a hombre y mujer.
—Todos los demás sistemas de vida no valen un comino —decÃa él—. Son las delicias puras del himeneo las que convierten esta tierra en un edén.
Asà habló el anciano caballero con toda su sabidurÃa.