Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury Prólogo del bulero
CABALLEROS —empezó—. Cuando predico en las iglesias me esfuerzo en aparentar un porte majestuoso y ahuecar la voz como si fuese una campana. Me sé los sermones de memoria. Mi tema favorito ha sido —y es— siempre el mismo: La avaricia es la causa de todos los vicios[288].
En primer lugar indico de dónde vengo y a continuación enseño todas mis credenciales. Para empezar, muestro las licencias del obispo para que ningún clérigo ose interrumpirme en mi cristiano trabajo. Las historias vienen después. Enseño bulas papales, y de cardenales, patriarcas y obispos. Acto seguido digo unas palabras en latÃn para razonar mi sermón y avivar la devoción. Expongo a continuación los relicarios rebosantes de huesos y trozos de tela —son reliquias, o al menos asà se lo creen—. También tengo una paletilla de un patriarca judÃo, montada en latón, y comienzo: