Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury —Sé muy bien —respondió Prudencia— que al afligido no se le prohÃbe llorar con moderación. El apóstol San Pablo, en su EpÃstola a los romanos, escribe: «Uno debe reÃr con los que rÃen y llorar con los que lloran[322]». Pues si un llanto moderado está permitido, no asà el desmesurado, ya que la máscara del llanto debe medirse según la doctrina de Séneca: «A la muerte de tu amigo no permitas que tus ojos se inunden de lágrimas ni que estén excesivamente secos, y aunque las lágrimas acudan a tus ojos, no las dejes correr libremente[323]». AsÃ, en cuanto pierdas a un amigo, has de intentar buscarte otro. Esta conducta es más inteligente que llorar al amigo perdido, pues la pérdida no tiene remedio. En consecuencia, si te dejas llevar por la sabidurÃa, expulsarás el dolor de tu corazón. Jesús de Sirach afirma: «Quien tiene el corazón alegre y contento se conserva vigoroso a través de los años, pero un corazón entristecido reseca los huesos[324]». Y también añade que la tristeza de corazón ocasiona numerosas muertes.