Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury Prólogo al cuento del criado del canónigo
CUANDO se terminó el relato de la vida de Santa Cecilia —no habÃamos corrido más de cinco millas a caballo—, nos alcanzó un hombre en Boughton-under-Blean[496]. Iba vestido con ropas negras y llevaba una sobrepelliz blanca debajo. ParecÃa como si hubiese espoleado fuerte en las últimas tres millas, ya que su rocÃn, de color gris moteado, estaba completamente empapado de sudor, mientras que el caballo sobre el que montaba su criado estaba tan recubierto de espuma que apenas si podÃa continuar. La espuma sobre el arnés del pecho era tan espesa y estaba salpicado de tal forma, que parecÃa una urraca.
Sobre la grupa tenÃa una bolsa de cuero que llevaba doblada; parecÃa que transportaba poca cosa y viajaba con una impedimenta ligera de verano. Estaba preguntándome de quién se trataba, cuando observé la forma en que su caperuza iba cosida a su capa. Por ello, después de reflexionar un poco, pensé se trataba de una especie de canónigo[497].