Cinco obras en un acto
Cinco obras en un acto NIKITA IVANICH.—(Recitando el papel de bufón.) «¡Ay, tío; sequedades bajo techado son preferibles a estas mojaduras puertas afuera! Vuelve, buen tío, y pídeles perdón a tus hijas; mira que es una noche esta que no tiene compasión de los cuerdos ni de los locos.»
SVETLOVIDOV.—«¡Retumbe tu repleto vientre, escupe fuego, arroja agua! ¡Ni la lluvia, ni el viento, ni el trueno, ni el rayo son mis hijos; no os acusaré de ser crueles conmigo! ¡Oh elementos! Ni os di mi dinero, ni os llamé hijos, ni me debéis obediencia.»
NIKITA IVANICH.—¡Qué fuerza! ¡Qué talento! ¡Qué arte!
SVETLOVIDOV.—Veamos alguna cosa más… Algo para recordar los tiempos pasados. A ver… (Prorrumpiendo en alegre risa.) Del «Hamlet»… Empiezo… ¿Qué es lo que recito?… Esto: (En actitud de HAMLET.) «Ya están aquí las flautas… Dejadme ver una… Parece que me quieres hacer caer en alguna trampa, según me cercas de todos lados.»
NIKITA IVANICH.—«Ya veo, señor, que si el deseo de cumplir con mi obligación me da osadía, acaso el amor que os tengo me hace grosero también e inoportuno.»
SVETLOVIDOV.—«No entiendo bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta?»
NIKITA IVANICH.—«Yo no puedo, señor.»