Cinco obras en un acto
Cinco obras en un acto FEDIA.—(Levantándose y avanzando hacia TIJÓN.) ¡Trae que lo vea yo también! (Acudiendo de todos lados y formando un grupo, se acercan al mostrador Peregrinos y Viajeros.)
MERIK.—(Sujetando con ambas manos la de TIJÓN, con el medallón en ella, y tras contemplar en silencio y largamente el retrato.) ¡Linda diablesa! Pero ¡es una señora!
FEDIA.—¡Sí que es una señora! ¡Qué mejillas! ¡Qué ojos!… ¡Quita la mano, que no veo bien!… ¡El pelo le cuelga hasta la cintura! ¡Le parece a uno que está viva y que va a romper a hablar! (Pausa.)
MERIK.—¡Para un hombre débil…, esa es la mayor perdición!… ¡Se le mete a uno una como esta en la mollera y… hombre al agua!
LA VOZ DE KUSMA.—¡So!… ¡Para!… (Entra KUSMA.)
Dichos y KUSMA
KUSMA.—(Entrando.) ¡Cuando se tropieza uno en el camino con una tabernita…, no puede pasar de largo!… ¡Podría uno pasar por delante de la casa de su propio padre y no reparar en ella…, pero a una taberna…, la ves a cien verstas por oscuro que esté!… ¡Bueno! ¡Dejad paso! ¡A ver! (Golpeando con un «piatak» sobre el mostrador.) ¡Un vaso de «madera»! Pero ¡de la auténtica! ¡Pronto!
FEDIA.—¡Vaya diablo!
