El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos GAIEF.—El martes volveré allá. (A Varia.) No te apures. (A Ania.) Tu mamá hablará con Lopakhin; él no se negará si es ella quien le pide prestado. Cuando tú hayas descansado bien, te irás a Yaroslaf, a casa de tu abuela la condesa. Con seguridad, se podrán satisfacer los intereses. Y nuestra finca se habrá salvado. ¡Respiro! No permitiré nunca, ¡oh, nunca!, que nos la vendan en pública subasta.
ANIA.—(Con calma.) Tú eres bueno. Tu bondad me tranquiliza.
FIRZ.—(Entra súbitamente.) Leónidas Andreievitch, ¡váyase, váyase ya a dormir!
GAIEF.—En seguida… Firz, puedes retirarte. Vámonos a dormir. (Besa a sus sobrinas.)
ANIA.—¿Y tú? ¿Todavía charlarás?
VARIA.—¡Callaos ya!
FIRZ.—(Volviendo atrás.) Leónidas Andreievitch, yo me retiro.
GAIEF.—Y yo. (Vase, seguido por Firz.)
VARIA.—Parece que estoy algo más tranquila. (Varia se retira, llevándose consigo a Ania. A lo lejos óyese el caramillo de un pastor. Trofimof atraviesa la sala, y viendo a las dos jóvenes, se detiene. Varia y Ania parecen muy fatigadas. Varia, apoyando ligeramente su cabeza sobre el hombro de Ania, murmura, medio dormida:) Vamos…, vamos.