El Jardín de los Cerezos

El Jardín de los Cerezos

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Cuarta parte

La llamada «habitación de los niños», pero sin cortinas, sin cuadros en las paredes. Algunos muebles apilados en un ángulo. Junto a la puerta de salida, grandes maletas. Las puertas y ventanas están abiertas. Del interior llegan las voces de Varia y de Ania. En medio de la estancia, Lopakhin, de pie, en actitud expectante. Yascha entra una bandeja con copas de champaña. Epifotof, en la antecámara, ocúpase en clavar un cajón. Un grupo de mujiks llega para decir adiós a sus antiguos amos. Óyese la voz de Gaief que dice: «Gracias, amigos míos». Yascha hace los honores a los que vienen a despedirse. El ruido cesa; gradualmente, Lubova Andreievna y Gaief aparecen. Lubova está pálida, pero no llora. Su voz tiembla.

GAIEF.—¿Y le has dado todo lo que tenías en el portamonedas?

LUBOVA.—No podía hacer menos. (Parten.)

LOPAKHIN.—(Gritando desde la puerta.) Oigan, yo les invito. Vengan a beber una copa de champaña, en señal de adiós. (Pausa.) ¿No quieren aceptar mi invitación?… Si lo hubiera sabido, no lo habría comprado. Está bien; yo no lo beberé tampoco. (Yascha coloca con precaución la bandeja sobre una silla.) Yascha, en tal caso, bébetelo tú.


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