El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos LOPAKHIN.—El tren lleva dos horas de retraso, por lo menos. Pero ¿quién se admira ya de los retrasos de los trenes? Después de todo, soy un imbécil. Sí, soy un imbécil. Vine justamente para ir al encuentro del tren. Procediendo con toda la calma imaginable, hubiera llegado a tiempo, puesto que el tren anda retrasado dos horas, como de costumbre. Tomé un libro para mantenerme despierto, y me dormí apenas hube leído las primeras líneas. ¿Por qué no me despertasteis, Duniascha?
DUNIASCHA.—Muy sencillo. Porque supuse que se habría despertado sin necesidad de mí. (Escuchando rumores que vienen de fuera.) Ya llegaron… ¡Escuche!…
