La Dama del Perrito
La Dama del Perrito En la casa de Moscú todo tenía ya un aspecto invernal; las estufas estaban encendidas y, por la mañana, cuando los niños se preparaban para ir al instituto y tomaban el té, las habitaciones estaban a oscuras y la niñera encendía durante un rato la lámpara. Había empezado a helar. Cuando cae la primera nevada y hacen su aparición los trineos, es agradable contemplar la tierra y los tejados blancos; el aire tiene una calidad suave y maravillosa, y vienen a la memoria los años de la juventud. Los viejos tilos y los abedules, cubiertos de escarcha, tienen un aire bondadoso y están más próximos a nuestro corazón que los cipreses y las palmeras; en su proximidad ya no se sienten deseos de pensar en las montañas ni en el mar.
