La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Creo que difícilmente se puede decir algo bueno del sistema de celdas comunes. Los hombres que viven en ellas no forman una comunidad ni una asociación en la que los presos tengan obligaciones, sino un grupo de personas exentas de cualquier responsabilidad con respecto al lugar, los vecinos y los objetos. Es imposible ordenar a los presos que no traigan los zapatos llenos de barro y estiércol, que no escupan en el suelo y que no aplasten las chinches. Si la celda es fétida, los robos hacen la vida imposible o se cantan canciones groseras, todos son culpables, o lo que es lo mismo, no lo es ninguno. Pregunto a un preso, un antiguo ciudadano respetable: «¿Por qué vas tan desaseado?». Y él me responde: «La limpieza está de más en un lugar como este». Y, en realidad, ¿qué finalidad puede tener para un preso su propia higiene si al día siguiente traerán una nueva partida y pondrán a su lado a un preso lleno de insectos y que despide un olor nauseabundo?