La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Cualquier persona que pase por Novo-Mijaílovka no perderá la oportunidad de conocer al campesino antiguo forzado Potiomkin. Cada vez que alguna personalidad importante llega a Sajalín, Potiomkin le ofrece el pan y la sal; cuando se quiere probar que la colonia agrícola ha tenido éxito, se cita su ejemplo. Según el catastro posee veinte caballos y nueve cabezas de ganado vacuno, pero se dice que dispone del doble de caballos. Tiene una tienda aquí y otra en Dué, de la que se encarga su hijo. Da la impresión de ser un viejo creyente afanoso, inteligente y acaudalado. Las habitaciones de su casa están limpias, con las paredes empapeladas; en una de ellas hay un cuadro: Marienbad, baños marinos cerca de Libava. Tanto su mujer como él son sobrios, juiciosos y sagaces en la conversación. El día que estuve tomando té en su casa, me dijeron que se puede vivir bien en Sajalín y que la tierra es fértil. Según ellos todo el mal estriba en que la gente se ha vuelto perezosa, holgazana y no trabaja con el debido tesón. Le pregunté si era cierto que una vez había agasajado a un personaje importante con sandías y melones de su propio huerto. Me respondió sin pestañear: «Es verdad. Algunos años los melones llegan a madurar»[28].