La isla de Sajalin
La isla de Sajalin En junio de 1787 el conocido navegante francés conde de La Pérouse desembarcó en la costa occidental de SajalÃn, más allá del paralelo 48º, y habló con los indÃgenas. A juzgar por la descripción que nos ha dejado, no solo encontró ainos, que siempre han vivido allÃ, sino también guiliakos, pueblo experimentado y buen conocedor tanto de SajalÃn como de la costa de Tartaria, que se habÃan acercado para comerciar. Trazando signos en la arena, le explicaron que la tierra en la que vivÃan era una isla, y que esa isla estaba separada del continente y de Yezo (Japón) por algunos estrechos[2]. Después, siguió rumbo al norte a lo largo de la costa occidental, contaba con encontrar una salida del mar de Japón al de Ojotsk, lo que acortarÃa considerablemente su viaje a Kamchatka; pero cuanto más avanzaba, más disminuÃa el nivel del agua, a razón de un sazhen por milla. Navegó hacia el norte hasta que se lo permitieron las dimensiones de su embarcación y, al alcanzar una profundidad de nueve sazhens, se detuvo. La elevación gradual y paulatina del fondo y el hecho de que en el estrecho la corriente fuera casi imperceptible, le llevaron a la convicción de que no se encontraba en un estrecho, sino en un golfo, y de que, por consiguiente, SajalÃn estaba unida al continente por un istmo. En De Castries encontró a otros guiliakos. Cuando les dibujó en el papel una isla separada del continente, uno de ellos cogió el lápiz y, trazando una lÃnea a través del estrecho, le explicó que en ocasiones los guiliakos tenÃan que arrastrar sus barcas a través de ese istmo, sobre el que a veces crecÃa la hierba. Eso es lo que entendió La Pérouse, lo que le ratificó aún más en su idea de que SajalÃn era una penÃnsula[3].