La isla de Sajalin
La isla de Sajalin El primero que exploró el Tim y lo describió fue el teniente Boshniak. Enviado en 1852 por Nevelskói para verificar la existencia de yacimientos carboníferos, de los que le habían hablado los guiliakos, atravesó la isla de un extremo al otro, llegando a la costa del mar de Ojotsk, donde se decía que había un excelente puerto natural. Se le proporcionó un trineo de perros, galletas para unos treinta y cinco días, té, azúcar y una pequeña brújula; además, Nevelskói hizo sobre él la señal de la cruz y le dirigió las siguientes palabras de ánimo: «Con galletas para aplacar el hambre, una jarra de agua para apagar la sed y la ayuda de Dios, tal vez tenga éxito en esta empresa». Boshniak descendió por el Tim, alcanzó la costa oriental, volvió sobre sus pasos y llegó a duras penas a la costa occidental, andrajoso, hambriento y con las piernas cubiertas de abscesos. Los perros, faltos de alimento, se negaban a seguir. Pasó el día de Pascua acurrucado en un rincón de una yurta guiliaka, completamente extenuado. Se le habían acabado las galletas, no tenía nada que llevarse a la boca, el dolor en la pierna era terrible. Lo más interesante en el relato de la exploración de Boshniak es, sin duda, su propia personalidad, su juventud —solo tenía veinte años— y su abnegación sin límites, su heroica dedicación a la misión encomendada. Corría el mes de marzo, el Tim estaba cubierto de una espesa capa de nieve, pero el viaje le proporcionó un material muy interesante que aparece reflejado en su informe[37].