La isla de Sajalin
La isla de Sajalin No se parece al puesto de Aleksándrovsk, una ciudad de reducidas dimensiones, una pequeña Babilonia con casas de juego e incluso un establecimiento de baños familiares regentados por un judÃo. RÃkovskoie es una verdadera aldea rusa, modesta, sin ningún tipo de pretensiones de civilización. Cuando se recorre de una punta a otra su calle, de unas tres verstas de largo, su longitud y su monotonÃa no tardan en causar aburrimiento. Aquà las calles no se llaman suburbios, a la manera siberiana, como en Aleksándrovsk, sino simplemente calles, y la mayorÃa conservan los nombres que les han dado los propios colonos. Está la calle Sizóvskaia, asà llamada porque en uno de sus extremos se alza las isba de la colona Sizova; está la calle Jrebtóvaia (de la Cordillera), la calle MalorosÃskaia (de Ucrania). En RÃkovskoie hay muchos ucranianos, por eso probablemente se encuentran muchos más apellidos singulares que en cualquier otra colonia: Zheltonog (Pie Amarillo), Zheludok (Estómago), nueve Bezbozhni (Sin Dios), Zaribai (Escondetesoros), Reká (RÃo), Bublik (Rosca), Sivokobilka (Rucio), Koloda (Tronco), Zamozdria (Mocoso), etc. En el centro de la colonia hay una gran plaza, en la que se alza una iglesia de madera. A su alrededor no hay tiendas, como en nuestras aldeas, sino las construcciones de la cárcel, oficinas públicas y viviendas de funcionarios. Cuando atraviesas la plaza, la fantasÃa te hace oÃr los rumores de una animada feria, las voces de los gitanos de Uskovo comerciando con caballos; te parece sentir el olor de la brea, del estiércol y del pescado ahumado; escuchar los mugidos de las vacas y los estridentes sonidos del acordeón mezclándose con las canciones de los borrachos. Pero ese pacÃfico cuadro se esfuma cuando de pronto escuchas el odioso tintineo de las cadenas y los pasos sordos de los presos y de los guardias de la escolta, que atraviesan la plaza en dirección a la cárcel.