La isla de Sajalin
La isla de Sajalin El guiliako tiene una constitución robusta y rechoncha; es de talla media, incluso pequeña. Una altura elevada constituiría un estorbo en la taiga. Sus huesos son gruesos y se distinguen por el notable desarrollo de las apófisis, crestas y eminencias donde se insertan los músculos, lo que presupone una musculatura muy desarrollada y vigorosa, hecha para librar una lucha constante con la naturaleza. Su cuerpo es seco, fibroso, sin acumulación de grasa; no se ven guiliakos gordos u obesos. Por lo visto, quema todas las grasas para generar las grandes cantidades de calor que un cuerpo necesita en Sajalín para contrarrestar las pérdidas producidas por las bajas temperaturas y la humedad excesiva, circunstancia que explica por qué su alimentación es tan grasienta: carne de foca, salmón, esturión y ballena; también toma carne sanguinolenta, todo en grandes cantidades, en estado crudo, seco y a menudo congelado. Esa alimentación hace que los puntos de inserción de los músculos masticadores estén muy desarrollados y la dentadura seriamente dañada. Su alimentación es exclusivamente animal; solo en raras ocasiones, cuando come en su casa o participa en un festín, añade a la carne y el pescado ajo manchuriano o bayas. Según las observaciones de Nevelskói, el guiliako considera la agricultura un gran pecado: quien cultiva la tierra o planta un árbol no tarda en morir. No obstante, le gusta mucho el pan, que conocen a través de los rusos, y lo comen como si se tratara de una golosina; en la actualidad no es infrecuente encontrar guiliakos en Aleksándrovsk o Ríkovskoie llevando una hogaza de pan bajo el brazo.