La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los guiliakos no se lavan jamás, de modo que hasta a los etnógrafos les resulta difícil determinar el verdadero color de su piel; tampoco lavan la ropa interior; en cuanto a sus prendas de piel y sus botas tienen el aspecto de haber sido arrancados cinco minutos antes de un perro muerto. Los guiliakos despiden un olor fuerte y penetrante, y la cercanía de sus viviendas se reconoce por el olor repugnante, a veces apenas soportable, del pescado curado y los desechos podridos. Por lo común, cerca de cada yurta hay un secadero, lleno hasta los topes de pescados abiertos y extendidos que, vistos de lejos, sobre todo cuando los ilumina el sol, parecen hilos de coral. Al lado de esos secaderos, Kruzenshtern vio una enorme cantidad de gusanos, que formaban una capa de una pulgada de espesor. En invierno la yurta está llena de un humo acre que proviene del hogar, pero también del tabaco que fuman los guiliakos, sus mujeres e incluso sus hijos. No se sabe nada de su morbilidad y su mortalidad, pero es de suponer que esas condiciones higiénicas tan poco saludables no dejarán de tener influencias nocivas en su salud. Tal vez a ello se deba su baja estatura, la hinchazón de su rostro y cierta indolencia y lentitud en sus movimientos; tal vez haya que atribuir en parte a esa circunstancia su débil resistencia a las epidemias. Por ejemplo, se sabe que la viruela causó enormes estragos. En el extremo septentrional de Sajalín, entre los cabos de Yelizaveta y María, Kruzenshtern halló un asentamiento de veintisiete familias, de las que P. P. Glen, que participó en la célebre expedición a Siberia de 1860, no encontró más que trazas; según sus palabras, en otros puntos de la isla solo vio huellas de una población antes más numerosa. Los guiliakos le dijeron que en el transcurso de los últimos diez años, es decir, después de 1850, la viruela había diezmado considerablemente la población. Es poco probable que las terribles epidemias de viruela que asolaron en los años pasados Kamchatka y las islas Kuriles no afectaran a Sajalín. Evidentemente, lo más terrible no es la viruela, sino la escasa resistencia de los guiliakos; si se desatara en Sajalín una epidemia de tifus exantemático o de difteria y llegara hasta las yurtas guiliakas, causaría el mismo efecto devastador que la viruela. Durante mi estancia en la isla no tuve noticias de ninguna epidemia; puede decirse que en los últimos veinte años no se ha producido ninguna, excepto, tal vez, una conjuntivitis infecciosa que aún se observa en nuestros días.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker