La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Una alegre carretera que discurre junto a la orilla mar conduce hasta las colonias situadas al oeste del puesto de Kórsakov. A la derecha hay escarpaduras arcillosas y barrancos erizados de verdura; a la izquierda, el rugiente mar. En la arena, donde las olas se deshacen en espuma y se retiran extenuadas, se extienden hasta el infinito los ribetes marrones de la col marina arrojada por la marea. Despide un olor empalagoso y un tanto dulzón, pero nada desagradable, a algas podridas, olor tan característico del mar meridional como el incesante vuelo de los patos salvajes, que constituyen una distracción para los viajeros que siguen el curso de la costa, donde rara vez aparecen vapores y veleros; no se ve nada ni en los alrededores inmediatos ni en el horizonte, de suerte que el mar parece desierto. De vez en cuando surge una desproporcionada balsa de paja que apenas se mueve; a veces se distingue una vela oscura y fea, o un preso avanza con el agua hasta las rodillas, arrastrando un tronco atado a una soga. Ese es todo el cuadro.
De pronto la escarpada costa se interrumpe y surge un valle largo y profundo, por el que fluye el riachuelo Untanai o Unta. Antaño se alzaba allí la granja estatal de Unta, que los reclusos llamaban «el lugar de los azotes» por razones obvias. En la actualidad hay una huerta de la prisión y solo tres isbas de colonos. El lugar se conoce con el nombre de Primer Barranco.