La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Para terminar mi examen de SajalÃn Meridional, solo me resta decir unas palabras sobre los habitantes pasados y presentes que no tienen relación con la colonia penitenciaria. Empezaré con los intentos de colonización libre. En 1868 una de las cancillerÃas de Siberia Oriental decidió instalar a veinticinco familias en el sur de SajalÃn. Para ello habÃan pensado emplear campesinos de condición libre y emigrantes que se habÃan instalado en la región del Amur, pero cuya situación era tan miserable que un autor describió el asentamiento de «lamentable» y a los propios colonos de «desdichados». Eran campesinos ucranianos, naturales del distrito de ChernÃgov, que, antes de dirigirse a la región del Amur, se habÃan instalado en el distrito de Tobolsk, aunque también con escasa fortuna. Cuando la administración les propuso que se trasladaran a SajalÃn, les hizo las promesas más atrayentes: durante dos años les proporcionarÃa gratis harina y grano, suministrarÃa a cada familia, por medio de créditos, aperos de labranza, ganado, semillas y dinero —dispondrÃan de cinco años para restituir el importe del préstamo—, y durante veinte estarÃan exentos del pago de impuestos y del servicio militar. Diez familias del Amur y once de la región de Balagan (en el distrito de Irkutsk), expresaron su conformidad, en total ciento una personas. En el mes de agosto de 1869 se las trasladó en el trasbordador Mandzhur al puesto de Muraviosk, desde donde, doblando el cabo de Aniva, debÃan llevarles por el mar de Ojotsk hasta el puesto de Naibuchi, que solo dista treinta verstas del valle del Takoe, donde se pretendÃa fundar la colonia. Pero llegó el otoño, no habÃa embarcaciones disponibles y el mismo Mandzhur los dejó con sus pertenencias en el puesto de Kórsakov, desde donde pensaban ganar por tierra el valle del Takoe. En esa época no habÃa ninguna carretera. El alférez Diákonov, como dice Mitsul, «se puso en marcha» con quince soldados para abrir un pequeño sendero. Parece que «se puso en marcha» con gran lentitud, pues las dieciséis familias no esperaron a que estuviera abierto el sendero y se dirigieron al valle del Takoe a través de la taiga en carros y telegas. La nieve les sorprendió en mitad del camino y tuvieron que abandonar una parte de los carros y poner patines a la otra. Llegaron al valle el 20 de noviembre y empezaron a construir barracones y chozas para protegerse del frÃo. Una semana antes de Navidad llegaron las seis familias restantes, pero no tenÃan dónde alojarse y ya era demasiado tarde para construir un refugio, de modo que fueron a cobijarse a Naibuchi y de allà a Kusunnai, donde pasaron el invierno en los barracones de los soldados; en primavera regresaron al valle del Takoe.