La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Entre los exiliados hay muchos carpinteros, ebanistas, sastres, etc., pero la mayoría no hace nada o se dedica a la agricultura. Un preso cerrajero fabrica rifles Berdán y ya ha vendido cuatro al continente. Otro confecciona originales cadenitas de acero. Un tercero hace esculturas en yeso. Pero todos esos rifles, cadenitas y costosas cajas arrojan tan poca luz sobre la situación económica de la colonia como el hecho de que un colono del sur se dedique a recoger huesos de ballena por la costa y otro, moluscos. Son actividades casuales. Esos elegantes y caros artículos de madera que se mostraron en la exposición de la cárcel solo ponían de manifiesto que a veces van a parar al penal muy buenos ebanistas, pero no guardan ninguna relación con la cárcel, ya que no es ella la que se encarga de darles salida ni la que enseña un oficio a los presos. Hasta hace poco la cárcel se ha servido del trabajo de artesanos ya cualificados. Por otra parte, la oferta excede con mucho la demanda. «Ni siquiera hay forma de poner en circulación billetes falsos», me dijo un preso. Los carpinteros trabajan por veinte kopeks al día, sin derecho a comida, y los sastres cosen por vodka[143].